Probadores de contextos

Jornada_NovaEraAudiovisual_Agapi_8mayo12

“Productores audiovisuales, creadores de contenidos digitales, profesionales del sector y estudiantes pudieron conocer y exponer sus inquietudes y dudas. Profesionales experimentados en diferentes modelos de negocio y creadores que estén buscando nuevas fórmulas para el sector audiovisual”.

Así se presentaba el pasado martes, 8 de mayo, la jornada “A nova era audiovisual”, organizada por Agapi

En una de las aulas de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Compostela se reunió un grupo de profesionales y estudiantes de lo más variado. Diversidad de opiniones, de talentos, de facetas, de conocimientos, porque el audiovisual no es sólo cine, sino contenidos, en su más amplia dimensión.

La necesidad de conocer otras realidades, ampliar el punto de vista y sobre todo, sustituir el concepto de competencia por el de colaboración, es imprescindible. Nos encontramos inmersos en un período de transición, en el que está todo por hacer y mucho por aprender y desaprender.

Los nuevos modelos de negocio, la monetización del trabajo, el problema de la abundancia, la falta de oportunidades, las narrativas transmedia o el branded content fueron algunos de los temas tratados. Pero quizás, lo que más destacaría, sería la coincidencia de los que allí nos encontrábamos en que no existen soluciones milagrosas sino muchas propuestas y ganas de ejecutarlas

Se podría comenzar el camino poniendo en marcha ese espacio para el entendimiento y acercamiento de profesionales del sector. ¿Las dificultades unen?

Pero sin duda, para seguir construyendo el futuro, lo primero es mirar a la realidad de frente, como bien hizo Pancho Casal llamando a las cosas por su nombre . Con él estaban María Yañez, Paula ConsPepe Coira. Esta mesa fue la  que mejor abordó la realidad del sector. Bueno, y el debate abierto por Zaza Ceballos en la anterior: “No quiero esperar a que los que tienen 16 años hoy sean mi público del mañana. Yo quiero mi público de hoy”,

Porque no se trata de la crisis actual sino de la que ya se arrastraba, como bien nos contaba en su conferencia Gonzalo Martín en…¡octubre de 2010!. Nos lo decía de aquella: “El audiovisual es un sector precario que sufre muchísimo”.

“La donación requiere un contexto adecuado”

Notas sobre el post Cine y recortes y la conversación derivada. He hecho la prueba y trasladado a un documento de texto son más de 20 páginas, y mucho tiempo de lectura, en torno a un debate tan necesario como escurridizo.

Gonzalo Martín tiene claro el problema de fondo y la necesidad de reformas, pero también que no es fácil y, sobre todo, no interesa. Fundamentalmente a los propios gobiernos, enredados en un sistema perverso con incentivos que retroalimentan el problema.

¿Problema de difusión o distribución?

Lo segundo es un problema de marketing y estructuras… Si hablamos de audiovisual, la distribución mundial está tomada por las majors. Es un control bestial. Esa es la razón subyacente de la excepción cultural, que lo que ha conseguido es mantener en Francia o aquí un tejido de gente que hace cosas, pero con cada día menos sentido, y donde todo el mundo se lamenta de la pérdida de público.

La cultura es una cosa y sus manifestaciones otra. La cultura española no se muere porque no gane la batalla del mainstream mundial… resulta – diga lo que diga Guardans – que en términos de identidad y marca España hace mucho más la rivalidad Madrid-Barcelona retransmitida en todo el mundo y los éxitos de la selección y hasta un Pau Gasol que lo que hace toda la industria del cine en varios años.

Esas rarezas culturales que comentas… ¿no son espacio para el mecenazgo? Resulta que vale para la pintura, pero no para el cine…. o hablemos con propiedad hoy día: las imágenes en movimiento. El cine ya no es la fuente de imágenes universal. Y el trabajo de búsqueda de talento lo está generando la red, un sitio donde la gente no tiene que esperar al dedo del político ni a la suerte de la publicidad: un sitio donde no hay barrera de entrada y donde la innovación es constante.

Y, el mecenazgo, evoluciona en modelos de negocio donde puede haber colaboración masiva en sacar adelante cosas que a las distintas comunidades les interesan: el 10% de los proyectos de sundance han pasado el último año por Kickstarter. El mundo está cambiando, la forma de financiar lo que antes llamábamos cultura y que hoy sería un horror para Vargas Llosa, está mutando. Y donde se forjan los sueños, también.

sobre la idea de la difusión el mundo red tiene ideas propias. ¿Cómo es posible que, ante ese problema real de difusión y ese control férreo de las majors todo el entramado industrial se acojone por las descargas y le quieran poner fácil vender a Disney más DVD’s en un mercado que tiene mucho de tongo? Para recuperar espacio en el espactador, más vale abrazar entornos disruptuvos, mucho más cuando el riesgo real en un entorno subvencionado es tan bajo… pero, volviendo al caso de los incentivos, la subvención no incentiva la disrupción como vemos: incentiva la perpetuación del esquema de miseria frente al poder global de la industria que no te deja mercado. Largo de contar, pero todo pasa por la revisión de la idea maldita de “propiedad intelectual”. Esa revisión que pretende que las ideas vuelen libres… y se difundan.

Generar contexto

Empecemos por cambiar la mentalidad del artista o el creador: ¿qué es la financiación colectiva? Es una forma de pagar total o parcialmente la copia cero de una obra, justo lo más complicado. Si lo tratas como misericordia, te va a ir mal. Si lo tratas como un empeño colectivo para que exista algo que de otra forma no puede existir, tienes un modelo de negocio: de alguna forma, estás prevendiendo la entrada antes de producir.

… tanto en el mercado de entretenimiento (que es un mercado) como en esa parte de la vida donde el retorno económico no es la razón y que, por tanto, debe encontrar recursos liberados de rentabilidad financiera para hacerse, ha llegado un momento de la tecnología, la estructura social, la complejidad del mundo en el que el estado que conocemos no puede atender todas las demandas ni está resultando ser verdaderamente eficiente para la cantidad de demanda que tiene y la cantidad de interesados en ser beneficiados. Así que recuperar el papel de los ciudadanos privados en gastar en “cosas sin mercado” es esencial: porque aumentará la base de opciones y porque da más libertad a la gente para convencer a sus donantes sobre su valor y al donante para contribuir hacia aquéllo que ama o desea.

Pero ésto sólo es una mínima parte. El conocimiento requiere ir a la fuente.

Subrayando: Audiovisual y modelos de negocio

Cadenas

Como dice Gonzalo Martín, el discurso de Macho en los Goya fue correcto, y de una elegancia suprema la réplica, al día siguiente, de su antecesor. Pero la confusión crece y al debate le sigue faltando enfoque. En la magnífica conversación generada en torno al discurso de este año, el propio Gonzalo hace una precisión que merece un subrayado:

Creo que tenemos dos partes en este debate:

  • Si con los “modelos de negocio” actuales se puede obtener beneficio de la producción.
  • Si con un nuevo modelo se tendrían.

Modelos de negocio son siempre los mismos: o te alquilo una butaca o un trozo de plástico o un visionado, o te pongo un anuncio de cualquier forma, o encuentro un mecenas.
La cuestión es determinar si el ciclo sala/alquileres/cable/televisión en abierto es la forma de hacer negocios audiovisual o si consiste en, por ejemplo, estrenarla en Facebook con patrocinadores y una campaña de promoción detrás tan salvaje como pueda ser al igual que puede serlo para salas.

Ahora vendrán las objeciones sobre experiencia de uso y tal y tal, pero no serán incompatibles. Al final, siempre es lo mismo: financiar la copia cero (que contiene los sueldos de los autores) y recuperar la promoción.

Y es sólo el principio. Hace falta mucho más para llegar a un cambio de paradigma.

Crowdfunding: debates apasionantes y propuestas

Crowdfunding

Avanzar es debatir sobre el futuro y sus posibilidades pero, para que las propuestas se concreten, deben tener un nombre, y no es sólo una cuestión de nomenclatura. El crowdfunding ha venido para quedarse pero es hora de ir concretando. Y eso es lo que ha puesto sobre la mesa Gonzalo Martín estos días suscitando un apasionante debate sobre su denominación en español para ir acotando el alcance del sentido participativo en torno a la producción en el audiovisual.

En la interesante conversación, que se fue prolongando a lo largo de los días, surgieron diferentes propuestas y argumentaciones de las cuales, por aquí nos ha gustado la de “financiación colaborativa”. Si bien es cierto que la participación del inversor se define por la aportación de dinero (sea cual sea la cantidad), es importante considerar que la motivación puede tener mucho más alcance que la rentabilidad financiera.  Sin duda sentirse partícipe en lo que se promueve es, y a la vista está, uno de los principales alicientes.

Una semana atrás desde El Cosmonauta lanzaban esta simpática, y nada ingenua, pregunta:

Nos interesa saber qué esperáis de la peli, así que retomamos estas preguntas: ¿A qué otra peli os gustaría que se pareciera? ¿Y a cuál NO?

Como el gran ejemplo de financiación colectiva en este país, la cuestión jugaba (a posteriori) con el concepto base para una producción de estas características: la motivación.

Volviendo al debate en torno a la relevancia de la definición, en el hilo de la conversación se enlazaba a Mondo Pixel con un interesante ejemplo del ámbito de los videojuegos. En el post se aportan números comparativos con lo que hubiera supuesto la financiación en términos de crowdfundin,  y resulta que: con cinco euros por cabeza habría sobrado para sacar un juego que casi todo el mundo pago por más de 50.

Tomando alguna referencia más, esta misma semana se publicaba un nuevo trailer de Iron Sky, que es, para entendernos, esa película de la que desde 2006 se ha ido publicando material a cuentagotas, consiguiendo un comentario tipo: “¡anda, si estos locos siguen adelante con el proyecto!”. Una película de género, abiertamente freak (zombies nazis que sobrevivieron en la luna tras la II GM), y que, parece, han hecho a su completo antojo. En definitiva, algo así:

Es decir, los ejemplos, de mayor o menor calado, que van apareciendo, apuntan a la necesidad de contemplar muchos más aspectos en la motivación que funciona como auténtico motor. Es, en cierto modo, la esencia misma de la vida pero en este caso abriendo las puertas para que el público se involucre y decida sobre los proyectos que quieren que existan. O dicho de otro modo, el público como motor de lo que se genera, y no únicamente como receptores de una supuesta “producción cultural” que posteriormente se le intentará vender.

Otros antecedentes para el debate

Con la reaparición de Iron Sky se recordó la existencia de otro título con el que parece guardar conexiones (al menos visuales), y cuyo fracaso en taquilla podría arrojar una serie de claves respecto a la motivación necesaria para que proyectos presentes y futuros puedan existir por la vía del crowdfunding. De hecho, tres fracasos (más o menos absolutos) se merecen semblanza por lo atípico de su producción, a saber:

Caso 1: Sky Captain y el Mundo del Mañana

Sky Captain y el Mundo del Mañana es esa cinta que viene a la mente al ver los previos de Iron Sky. Una película que se estrenó en 2004, y que basó todo su interés en la recuperación de una estética artesanal gracias a los nuevos medios digitales. Una producción que se apoyaba obligadamente sobre el trabajo con cromas que se habían “puesto de moda” George Lucas con los nuevos episodios de Star Wars, pero mirando a un ya remoto pasado para justificar su razón de ser: una inspiración directa en los antiguos seriales. Es decir, la nostálgica presencia de las retroproyecciones en la barata ciencia ficción de los 50 y un indisimulado carácter de serie B. Todo esto en un momento en el que el público mayoritario pedía “el no va más” al pagar por una entrada, y en el que nunca más alejado podía haber llegado a estar el mainstream de los viejos modelos artesanales.

La película se la pegó. No se hicieron continuaciones, aunque una de las intenciones era que el propio Sky Captain pasara a convertirse en un nuevo tipo de serial. El director no hizo más películas desde entonces, y aquella era la primera. Con todo, entre quienes tenia que gustar, la película gusto. ¿El problema? Sin duda todo ese otro público al que probablemente no tendría que haber llegado de manera tan directa. ¿Que habría sucedido si el proyecto hubiera nacido apoyado por una comunidad que además fuera su público objetivo? Quién sabe, claro, pero probablemente se hubieran podido ajustar los costes para haber sido rentable desde el inicio, haciendo incluso posible la continuación de la saga.

Caso 2: Primer

Primer fue otra película que en su momento dio mucho que hablar. De hecho, fue rentable porque se inscribía en el publicitado cine independiente de la época, y porque nació como una apuesta personal de su director, un joven matemático que decidió liarse la manta a la cabeza para hacer (en todos los sentidos) una película de paradojas espacio-temporales desde una perspectiva gris y realista.

Shane Carruth no ha vuelto a dirigir una película desde entonces, aunque lleva años rumoreándose que arranca de una vez su segundo largo. Primer probablemente fue su premio y su condena: una película pequeña, que debería haber tenido un público concreto, se lanzó de manera más o menos masiva y esta generalización provoco chuzos por su carácter críptico y su “apariencia desapasionada”. Cabe preguntarse, ¿estas reacciones en contra, de las que no tenía culpa el director, pueden haber provocado este parón? Probablemente.

Caso 3: Planeta Rojo

Planeta Rojo es, sin lugar a dudas, un horror de película, pero interesante por lo improcedente de su existencia y por ser, de nuevo, la opera prima de alguien que no volvió a dirigir jamás. Tanto es así que su director, Antony Hoffma, ni siquiera tiene entrada en la wikipedia, y en la IMDB sale una ficha tan escueta como esta. ¿Cómo se las apañó entonces para que existiera la película? Imposible saberlo, supongo: venía del mundo de los FX y, de alguna forma, logró los 70 millones de dólares para poner en escena un desaguisado que, como en el caso anterior, tuvo la pretensión de abarcar más público del que debía. Un público que, además, por aquel entonces tendría la opción de ver películas marcianas de Brian de Palma y de John Carpenter. Y aquí surge, graciosamente, la conexión que enlazaría con los títulos anteriores.

John Carpenter es una de esas piezas claves para entender la existencia de un sector de público que ama el cine de género, el cómic y la cultura pop en general. Ese público que en 2001 hizo que una película pequeña como Fantasmas de Marte fuera todo lo rentable que no fue Planeta Rojo. ¿Por qué? Pues porque aun no existiendo como comunidad que sacara adelante la producción de la película, sí encajó en una que ya existía y que, posteriormente, la apoyo en los cauces por aquel entonces disponibles. O sea, los convencionales, los de toda la vida: comprar entradas, pagar por visionados, DVD’s, etcétera. Ese público que era, y es, una baza para que puedan existir películas como ésta, pero que, de no ser tenido en cuenta previamente, provoca desgracias como Planeta Rojo: ni recupero la inversión ni gustó a nadie.

Resumiendo

Producción colaborativa, parece un buen termino para definir el crowdfunding: un modelo que no solo buscaría un retorno económico, sino que establece lazos con lo que esta apoyando. El ejemplo de estas tres películas lo refleja de una manera u otra ya que, con otro planteamiento, tal vez hubiera se hubiera podido: acotar dimensión de proyecto, hacer posible la realización de un segundo trabajo o, directamente, anticipar y/o calibrar la posibilidad de dislate por ausencia de interés. Pero es tiempo de debate, en eso estamos.