Deconstrucción y recontrucción
its a bit stupid to say as i make so many films… but i consider this one as my best so far. joie les amis!
Este sencillo texto lo tuiteaba Vincent Moon el 3 de abril, y por su contundencia tenía que llamar la atención sí o sí. Moon, quien estuvo detras de La Blogotheque cuando en esta web reinventaron el valor icónico de la grabación en vídeo de la música en directo, tiene una entidad más que probada como para que una afirmación de este calibre produzca serio respeto.
Que este vídeo sea su mejor obra es improbable: es joven, y no para de recorrer mundo con su cámara y sus micros siempre a mano. Que sea su trabajo más accesible resulta todavía más dudoso: en casi 15 minutos se iniciará un recorrido de espeología sonora que terminará derivando en una especie de explosión lynchiana a la que hay que conceder la atención necesaria, aunque pueda no resultar agradable.
Y sí, estamos hablando de música en directo, siempre. En esta ocasión pura electronica, pero en un contexto de creación que partirá de lo real para que todos sus elementos desgranados sirvan a ONE MAN NATION para dar forma a su expresión.
Testeos de violenta personalidad
El cine, o en general lo audiovisual, adquiere todo su sentido cuando se entiende a sí mismo como una experiencia estética. Esto, aparentemente de perogrullo, parece haberse ido olvidando en las últimas décadas, en las que directamente hay un exceso de estética que nace de la sobredimensión tecnológica: hay tantos cacharros para hacer cosas que se usan varios a un tiempo y malo será que no salga algo chulo.
El “giallo” fue, en esencia, el género negro a la italiana. El término, que significa amarillo, hace referencia a las antiguas novelitas policíacas del primer tercio del S.XX, que vieron su traslación (al menos en esencia) a las pantallas allá por los 60. En aquella época se juntaron una serie de talentos en la industria que les dieron inusitado lustre. Gente que sobre todo tenía que ganarse el pan, pero que recogían el regusto por el barroquismo estético al tiempo que en su apurada realidad mezclaban proyectos diversos, haciendo que entre estos hubiera mil y un contagios y trasvases. Gente que, además, atesoraba unos conocimientos tan maravillosos como Mario Bava y sus trucajes de iluminación:
Aunque tuvo presencia a nivel mundial, y hubo quién se lanzó a recrear el estilo con De Palma a la cabeza, fue en Italia (y otros países europeos por aquello de las coproducciones de la época) donde realmente se sacó todo el jugo al género por pura cuestión identitaria. El exceso llegó hasta tal punto en los 80 que era complicado mantener el respeto a las múltiples variantes que habían ido apareciendo, en una evolución mecánica (y económicamente más ajustada) de lo macabro que pasaba a jugar con los límites de lo explícito. Un constante tour de force que al final chocaba frontalmente con las políticas de la nueva censura que fueron apareciendo en el apogeo de VHS.
Con todo es probable que el giallo tuviera unos contextos demasiado marcados como para esperar que fuera a durar varias décadas más. Dependía de la sensibilidad pop de la época, pero también se apoyaba en una estética en la que la modernidad no tenía nada que ver con teléfonos de última generación. Y estaba, siempre, esa violencia low-tech, esa presencia de cuchillos y otras armas punzantes que al ser usados llegaban a recrear auténticas escenas pictóricas de martirios y torturas.
Por este final asumido y comprensible del giallo (que como género parece que no vuelve a lenvantar cabeza, aunque sí estén presentes sus ragos en esta cultura nuestra de la asimilación), hace un par de días me topé con un vídeo que me hizo mucha gracia. Un vídeo que es un simple testeo, una prueba por parte de un finés para ver que tal respondia su flamante Canon 550D. El hombre cogió el aparato y directamente tomó aquellas estéticas para ver cómo respondía en cromatismo, profundiad de campo, capacidad de encuadre, ectetera. Lo bueno es que, sin pretender hacer una película, se tomó la molestia de plantear una serie de constantes del género. Y es que en realidad está ahí todo contenido: los juegos de colores, los planos detalle, LA VIOLENCIA EXPLÍCITA (que no se diga que no aviso), e incluso el giro argumental absurdo del final. De hecho, hasta el sentido del humor, porque es evidente que no pretende tomarse nada en serio aunque comience sonando el Valley que Bill Wyman y Terry Taylor compusieron para la banda sonora de Phenomena.
En fin, que ahí va el simple testeo. ¡Ojalá fueran todos así, y no simples planos de atardeceres o macros de florecillas!
Los puntos de vista
El sentido del humor es tan personal como transgresor, de ahí las ampollas que levanta constantemente. Sobre eso reflexionábamos con respecto a la reciente polémica sobre el anuncio de Pepe Reina realizado por Javier Fesser. Ejemplos sobran, como aquel anuncio por el que protestaron los agricultores.
La única conclusión viable es que la polémica, igual que el éxito, es una especie de lotería imposible de prever, y difícil de manejar. Claro que en el caso de la polémica, bien puede ser un elemento de marketing programado ya que si algo consigue es impacto.
Estos días compartía Ismael Alonso el abrumador anuncio de The Guardian que apunta de forma certera al asunto de fondo: la forma en que se orquestan el encadenamiento de miradas que puede, por si mismo, dar validez a una historia.
Posteriormente, en los comentarios, alguien apuntó otro más antiguo que, si bien ahora nos puede parecer ingenuo, tiene todos los elementos de la (in)comunicación y las carencias que siguen estando detrás de cualquier “red social” que se ponga de moda.
¡Así se hace!: Así se hizo
Aunque el making of nació como instrumento de promoción y reconocimiento, su grado de desarrollo y aceptación lo ha elevado a la categoría de género. De hecho, no en pocas ocasiones, su inclusión en la oferta constituye el valor añadido que pretende animar al mantenimiento de los canales de distribución clásicos.
Pero su evolución no se refiere sólo al grado de perfeccionamiento en sí mismo sino a la implicación con otras expresiones del arte más tradicional. Una comunión de conceptos que se presupone en la intención, pero que no siempre se intenta consigue.
Desde enimaXes lo hemos hecho con el teatro, y nos encanta encontrar otros ejemplos que demuestran que es posible hablar de como se construye el arte sin dejar de hacerlo desde el propio relato.
El making of que ayer compartía Amalia Llorente del montaje de Carmen en la Opera de Las Palmas es una auténtica delicia. Algo más de cuatro minutos, que se pasan en un suspiro, gracias al dominio de la narrativa que permite disfrutar las fases del proceso. Arte para transmitir arte, ¿qué más se puede pedir?




