Campofrío: aciertos y preguntas
Repetir, a modo de mantra, que las crisis son oportunidades, no es suficiente. Procede actuar, aunque nos lleve a nuevas encrucijadas.
El relato de cómo Campofrío dio la vuelta a la tortilla tras la revolución social en torno al asunto de La Noria es un buen ejemplo de que se deben pueden tomar nuevos caminos: la crisis mundial y la corporativa en un mensaje con contenido para ir haciendo contexto.
Hasta ahí, valoraciones personales aparte, todo bien, pero Internet es un mundo por descubrir en el que hay cosas que llaman la atención y sugieren nuevas preguntas. Resulta que a alguien le gustó el anuncio, se lo bajó y lo subió en su propio canal de youtube en el que ayer ya llevaba 70.000 mientras que el oficial en el canal de Campofrío, por supuesto en HD, registraba 8.500.
Ateniéndonos a Internet, obviamente la TV es otra cosa de momento, cabe preguntarse por la capacidad de prescripción, asunto nada desdeñable cuando el objetivo es generar contextos… y audiencias. Parece que toca revisar y reinventar reglas. O al menos, no amarrarse a las viejas. Aquí dejamos el “oficial”.
“Podría haber sido otra ciudad del norte…”
… como Bilbao, pero nunca Madrid”
Eso decía Daniel Calparsoro en la rueda de prensa previa al rodaje en Coruña de los últimos dias de su película, Invasor, producida por Vaca Films.
Teniendo en cuenta de quien viene, la afirmación nos inspira respeto ya que, desde Salto al Vacío, si algo destaca en este director es una estética urbana muy cuidada.
Tal vez por eso recordé la frase el día que coincidí con la parte del rodaje de una de las secuencias de persecución en el Paseo Marítimo. Un día muy nublado, y precisamente en la zona más sombría del Paseo, que ha despertado mi curiosidad por saber el aprovechamiento que hará Calparsoro de los juegos de sombras que proyectan los edificios. Sobre todo porque cuando yo lo vi, ya llevaban muchas horas de acción-corten y sólo un poco más allá, dentro del trayecto que recogían las cámaras, el cielo abierto ya se disparaba sobre el resto de la bahía.
Y despedimos la Semana de Hurt
Nine Inch Nails (aka NIN) fue una de las grandes bandas del Metal Industrial, subgénero que tuvo su apogeo en la primera mitad de los 90, dos años después de la fundación de la banda. Su creador, líder y alma, Trent Reznor, hizo honor a la contundencia fonética de su nombre dejándose llevar por todo aquello que parecía acompañar la estética del movimiento: opresión, oscuridad, sufrimiento…, desembocando en la relación estupefaciente que con tanta frecuencia se tiende a buscar en torno a los genios creativos.
El periodo de descenso a los infiernos de Reznor se sitúa entre 1995 y 1999, y dos álbumes: The Downward Spiral y The Fragile. El S. XXI lo arrancó reconociendo públicamente todos sus problemas pasados, y la promesa de haberse reencauzado y haber abrazado una visión sana de la vida llego a provocar un cierto cachondeo entre fans acérrimos de la banda. Es probable que algunos perdiera por el camino, pero Reznor ha crecido como ideólogo de nuevas maneras de entender la industria musical, y hasta ha ganado un Oscar en 2011. Pero esta no es la historia.
The Downward Spiral, el disco que abría sus 5 años de infiernos particulares, cerraba con Hurt, una canción que parecía anticiparse al reconocimiento de culpas al dibujar la visión impresionista de quien mira hacia su pasado reconociendo su capacidad autodestructiva de todo aquello que en términos generales se conoce como Vida. Fue una canción profética desde el momento en que el propio Reznor se sobrevivió a si mismo, y una pauta que se adelantaba a su siguiente álbum y al punto de giro que supondría la llegada de With Teeth en 2005 con el cantante ya más sano y alejado de tendencias peligrosas. O al menos de las más peligrosas.
En medio de este proceso, en 2002, Rick Rubin, prestigioso productor norteamericano, le proponía a Johnny Cash hacer una versión de Hurt. Cash no dijo que no, y ahí se embarcó en un cuarto álbum de la serie que habían iniciado en 1994 bajo el sello American Recordings. Pero con un matiz: Cash se quedaba con la versión censurada que el propio Reznor había preparado en su momento para poder ser emitida por radios.
Cash fue, unas cuantas décadas antes, otra parte dentro de la redaccion de una improbable Historia del Antiheroe del Rock. Aunque su gran adicción fueron las anfetaminas, fue también su propia espiral la que le llevo a buscar algún tipo de retroalimentación para paliar el desgaste que le producía el trabajo creativo, las giras y, sobre todo, el tener que hacer frente a una notable tendencia a la constricción moral, algo que nacía del choque de sus profunda religiosidad y su propia pertenencia a un ambiente como el de la música, pero también a un entorno social paradójico y árido.
Este choque es el que hizo que se decantara por la version censurada, version que simplemente cambiaba en una frase:
I wear this crown of shit
por
I wear this crown of thorns.
O lo que es lo mismo: cambiar “corona de mierda” por “corona de espinas“, algo sutil y que en el fondo no modificaba la idea que Reznor transmitía en la letra original, pero más cómodo para un Cash que no aceptaba la blasfemia a pesar de no haber sido, ni mucho menos, un ejemplo moral. De hecho Cash y Reznor compartieron un descenso a los infiernos a partir del sentimiento de culpa, la búsqueda de la redención y el intento por aceptar los rasgos oscuros de sus respectivas personalidades, algo que no tiene nada que ver con el más convencional desfase de estrellas que se encuentran con el mundo a sus pies.
Hurt no tuvo vídeo oficial por parte de NIN. Lo más parecido es esta grabación realizada durante la gira de 1995. Y en realidad no hacía falta más: Una serie de proyecciones sobre una tela gigante dibujaban un infierno en blanco y negro, y tras estas imágenes la figura de Reznor se mantiene impasible para desembocar en un estallido final con un cierto tono mesiánico.
Si lo tuvo cuando Cash realizo su versión. El encargado de dirigirla fue Mark Romanek, quien precisamente realizara el vídeo de Closer, uno de los dos singles oficiales de The Downward Spiral. Cash se encontraba a un año de su muerte, así que el carácter epitáfico era doble: por un lado la propia letra podía servir como una mirada de Cash hacia su pasado, por otro Romanek realizo un cruce entre imágenes en las que se veía al Johnny actual, completamente demacrado, y retazos de su historia que iban destacando constantes de su vida alejadas de cualquier intencionalidad hagiografía, incluyendo a su mujer, June (uno de los pilares de la vida del cantante, y que falleció pocos meses antes que él), entremezclándolo en su final con pasajes del martirio de Cristo, algo que tanto podía servir para la transgresión original de Reznor como para la celebración del sufrimiento que parecía trascender de la posición de Cash ante la vida.
Y así es como en realidad Hurt podría haber sido un adecuado himno para la Semana Santa, por su capacidad para dibujar dos visiones de la asunción del martirio y el sufrimiento como objeto redentor, como para poder posicionar dos perfiles muy distintos como paradigmas de la entrega. El año que viene en enimaXes nos proponemos recuperarlas antes de que empiecen las procesiones.
Las enseñanzas de Repronto
La cultura trash o cultura basura no nace de forma explícita, pero crece y se reproduce sin que se puedan considerar pautas estables en su desarrollo. En realidad ni siquiera obedece a una autoconsciencia, son movimientos que en muchas ocasiones evolucionan (o degeneran) gracias a la visión popular de hechos concretos. Por ejemplo, la iconografía pop que ha terminado derivando del nazismo, o, mas recientemente, la capacidad de reconvertir el terrorismo islamista en un concepto cerrado que tanto puede servir para facturar tramas “serias”, como para buscar los limites del humor.
El concepto de la cultura trash no es nuevo. Desde una perspectiva de los contenidos populares, probablemente lo mas adecuado seria situarlo a partir de los años 60 en entornos angloparlantes, cuando comienzan a aparecer críticos capaces de analizar los matices de la cultura pop separando aquello que simplemente obedece a las modas, de aquello que encuentra su origen en la necesidad del publico por ver reflejadas en los medios diferentes obsesiones. Un ejemplo de esto serian las películas de ciencia ficción norteamericanas de los años 50, un reflejo de la paranoia que se crea a partir de la guerra fría, que en un primer momento eran consumidas por las masas y que no pasaron a ser objeto de estudio ligero hasta que las nuevas generaciones consiguieron algún espacio en medios de difusión.
En España todo esto llego mas tarde. La particular historia política impidió que se pudiera crear algún tipo de corriente que estudiara la fenomenología pop, aunque en realidad, esta misma particular historia política propició que durante décadas se generara una increíble producción de contenidos eminentemente trash que tuvieron que esperar hasta los 80 para poder empezar a ser tratados, sobre todo en fanzines aunque con la ayuda de algunas publicaciones que siempre habían sido conscientes de la línea que separaba dos mundos bien diferenciados. El terror de pipas, el landismo, la factoria Ozores, el destape…, fenómenos que, de un modo u otro, respondían a los intereses de un país que no estaba especialmente interesado en comprenderse, aunque tampoco se lo habrían permitido.
El profesor Repronto nace hace 4 temporadas como una manera de acercarse al espíritu trash desde una perspectiva castiza, patria, muy nuestra. Fundamenta su discurso recuperando todo este bagaje mediático en el que el comic, el cine de género y la televisión tienen mas importancia que un libro de historia. Todo tan nuestro que cada capítulo ejemplifica el retruécano para jugar a entender el por qué de una producción de décadas a la que se da la espalda cuando esta hablando de la autentica intrahistoria del país. Con Raúl Minchinela al frente, y un gran equipo de colaboradores detrás, estos micro espacios constituyen píldoras de análisis de la sabiduría popular mas desfavorecida: aquella que se genera en función de dinámicas y a la que se le da la espalda según consideramos que “semos” mas europeos. Todos esos rasgos de estilo de un estado que hoy en día genera nueva basura en la que ya ni hay espacio para los creadores que, al fin y al cabo, en el pasado colaban muestras de personalidad en todas aquellas historias que debían superar los filtros administrativos.
No necesita el profesor Repronto de nuestra recomendación, pero nos apetece compartir este magnífico último capítulo.


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