Tiempos alterados
En los últimos años el time-lapse es una especie de constante en el audiovisual (hasta nosotros mismos lo utilizamos puntualmente), y es lógico por su espectacularidad y su potencia plástica. Además, la explosión del uso de cámaras DSLR (o sea, reflex) para la grabación de vídeo provocó un notable aumento de posibilidades a la hora de plantearlos: siendo mucho más pequeñas, posibilitan hasta el desarrollo de aparejos para lograr posiciones imposibles o movimientos robotizados.
Sin embargo la técnica no es nueva, y al olvidar este punto se llega a un exceso de trabajos que directamente pueden terminar provocando indiferencia. Por un lado por esta omnipresencia, y por otro porque se tiende a obviar la posibilidad de que sean algo más que un artefacto, que estén integrados en algún tipo de narración. Y esto último no es un imposible, hubo tiempos en los que se llegaron a estrenar películas que echaban mano de ellos:
Pero, y regresando al presente, siguen apareciendo vídeos basados en esta técnica que merecen aplausos. Algunos por justificar su uso para mostrar algo, como este caso en el que se ve la construcción y sustitución de un puente:
Otros, por el buen gusto a la hora elegir localizaciones, encuadrar y elegir la música más adecuada para que se de un disfrute visual pleno:
Y este vídeo tiene un regalo añadido: en esta ocasión lo acompañan del making off. En VO y sin subtítulos, pero seguro que más que suficiente para hacerse una idea de la soberana paciencia que hay que tener para hacer algo de esto en condiciones.
Las rendijas del marketing
Lo de escribir derecho con renglones torcidos acaba cumpliéndose. Sobrados de emperadores y trajes y encendida la mecha, ni Apple lo debe tener tan claro.
La pasividad del iPad parece que vence pero no convence y, aunque no siempre se consiga, los jardines cerrados seguirán invitando al campo abierto. El marketing puede mucho pero hay rendijas en las que se cuela lo artesanal que puede acabar marcando tendencias imparables.
La tecnología no es de quien la diseña, sino de quien la usa. La imaginación no tiene límites.
Yarn bombing!!!
La evolución en el arte urbano, sobre todo desde los 70, ha dado paso a una enriquecedora diversidad de formatos. Desde sus reivindicativos orígenes, el graffiti se ha asentado como medio de expresión incluso como herramienta para humanizar y dar color a al devaluado espacio urbano, que ha crecido olvidando la expresión de lo personal.
El yarn bombing es una variante más, en este caso un colorido ejercicio que echa mano de connotaciones tan hogareñas como el punto y el bordado para revestir o adornar elementos urbanos. La expresión humana sale a la calle para rasgar el gris que nos envuelve y alterar la artificialidad de nuestro ¿orden? que ahora se agrava por el pesimismo de la falta de visión.
En esta ocasión la iniciativa surge de Lucia y esa olla de ideas que es Peka’s World. La idea era sencilla: vestir al Soldado Romano de Botero situado ante la Domus coruñesa. El resultado fue una gamberrada amable que ya en un día desapacible termino provocando que muchos viandantes abandonaran el paseo al borde del atlántico para fotografiarse bajo esta imagen peculiar.
Campofrío: aciertos y preguntas
Repetir, a modo de mantra, que las crisis son oportunidades, no es suficiente. Procede actuar, aunque nos lleve a nuevas encrucijadas.
El relato de cómo Campofrío dio la vuelta a la tortilla tras la revolución social en torno al asunto de La Noria es un buen ejemplo de que se deben pueden tomar nuevos caminos: la crisis mundial y la corporativa en un mensaje con contenido para ir haciendo contexto.
Hasta ahí, valoraciones personales aparte, todo bien, pero Internet es un mundo por descubrir en el que hay cosas que llaman la atención y sugieren nuevas preguntas. Resulta que a alguien le gustó el anuncio, se lo bajó y lo subió en su propio canal de youtube en el que ayer ya llevaba 70.000 mientras que el oficial en el canal de Campofrío, por supuesto en HD, registraba 8.500.
Ateniéndonos a Internet, obviamente la TV es otra cosa de momento, cabe preguntarse por la capacidad de prescripción, asunto nada desdeñable cuando el objetivo es generar contextos… y audiencias. Parece que toca revisar y reinventar reglas. O al menos, no amarrarse a las viejas. Aquí dejamos el “oficial”.


