¡Constrúyelo y vendrá!

ConstruyeloYVendra

La resolución del binomio realidad/ representación (maniqueísmos que olvidan que la verdad tiene muchos puntos de vista) ha sido una constante en el debate del documental como género, pero también su motor de desarrollo. Pero no se debe olvidar que el cinematógrafo comenzó recogiendo la realidad hasta que se fue descubriendo a sí mismo para otra cosa: contar historias.

Durante los primeros años, la mayor parte de las películas que se rodaban eran temas de actualidad o noticiarios, es decir, el mundo cotidiano era suficiente para provocar asombro. Pero las novedades se gastan y empezó a surgir el paisaje, lo exótico, la narración épica, lo bélico…  la ficción. Es decir, cuando abandona sus orígenes surge el documental como género pero ya estigmatizado por una problemática doble presunción: la de definirse por oposición al cine de ficción y la de configurarse como una representación de la realidad.

Pero para contar algo se enfoca, se adopta un punto de vista, se extracta, se recrea un fragmento del mundo o se crea algo “para la pantalla”. ¿O todo al mismo tiempo? ¿Hasta qué punto se debe dirigir la mirada del espectador?

El debate teórico que no cesa sobre las categoría y límites de los géneros parece ya un poco desfasado porque, al final, lo que importa es el poder del relato. Y es lo que nos ha gustado de este vídeo que no sólo habla de lo que parece sino que nos cuenta que, cuando los problemas no son únicos, sus soluciones tampoco deberían serlo.

Y lo hace utilizando un tema de actualidad en el debate ciudadano, el creciente uso de la bicicleta en las ciudades. Holanda lo consiguió pero para ello tuvieron que cumplirse algunas condiciones necesarias: una ciudadanía concienciada y activa, gobernantes que escuchan y el desarrollo de políticas adecuadamente reflexionadas e implantadas.

Tralas Luces

TralasLuces_2

En los últimos años parece que se ha vuelto necesario que toda película guarde un secreto, que su historia contenga enigmas de cara al espectador. Incluso en el campo de la no ficción un título tan sobresaliente como (la no estrenada en España) Catfish supo reconstruir en su promoción la innecesaria duda que a tiempo real habían vivido sus protagonistas, algo que se podría resumir más o menos así: “adonde nos lleva todo esto”?

Tralas Luces no juega con ningún enigma argumental. Cuando se empezo a hablar de ella ya se sabía que contaba, en ese instante y en esos mismos los mismos lugares, la historia de una familia de feirantes. Al empezar a lanzar material promocional tampoco se escondieron los elementos de una historia que, en formato largo, casi parece desarrollarse a partir de lo que se dibujó en el trailer, retroalimentandose del resto de esquejes visuales que terminan de crecer cuando se amplia la historia de esta “familia”.

El “aquí y ahora” como concepto es el fundamento para esta historia que recupera algunos de los grandes valores de la no ficcion. Como en El Cielo Gira, los hechos dibujan su camino al margen de las intenciones documentales, y la presencia de la cámara se convierte en otro simple suceso casual dentro de la historia de estos personajes. Es, con posterioridad, cuando Sandra Sánchez termina de dar forma, cuando se decanta por narrar lo que ella misma ha vivido al otro lado del objetivo mediante un arduo proceso de edición.

Sin duda lo mejor de la película es dar la posibilidad de debatir. Y no digo esto porque se discuta su calidad, no, esto es algo que, por suerte, resulta indiscutible: el nivel discursivo de Tralas Luces invita a plantearse en no pocos momentos que es lo que está contando la directora al enfrentar diferentes niveles de realidad, ya sea por la contraposicion que pueda existir en lo que la propia protagonista cuenta en off, o por el (en ocasiones cruel) contrapunto que ofrecen las realidades paralelas en las que se mueven los feirantes. Porque la pelicula muestra esa realidad, la suya, que no tiene nada que ver con la de aquellos sitios por los que pasan. Al contrario, los protagonistas evidencian de una manera o de otra su más que probable incapacidad para afiliarse a la dinámica de un mundo que a veces creen que no comprenderían. A pesar de ello imitan y sirven a esa realidad mayoritaria a la que estan entregados como artefacto de temporada. El viaje de los feirantes tiene fecha caducidad cada año, y al mismo tiempo sus protagonistas, en esta o en otras familias, incluso iran desapareciendo de manera inevitable.

Hay grandes momentos de Cine en esta pelicula, y sobre todo resulta agradable sentir claramente el inmenso respeto que inspira la labor de su directora, que ni abraza el morbo ni viaja por los dramas de otra perspectiva de lo cotidiano tratando de engañar a nadie: la conclusion es que cualquier realidad, en estos tiempos, necesita de un cierto cinismo para poder sobrevivir en un entorno que empuja a la soledad y a la tristeza. O ésta es, al menos, una de las conclusiones, y apreciarla en pantalla grande es un placer que, desde hoy, es posible permitirse.

Aquella copa de 2010

partido cut

Se publica este post a la misma hora en que hace un año la selección española se alzaba con la copa en el Mundial de Sudáfrica, culminando así el hiperbólico estado de alegría que aún se vería alargado en semanas posteriores con celebraciones, recepciones y paseíllos trofeo en mano.

Queríamos recogerlo pero no era el fútbol nuestro objetivo, sino lo que estaba pasando en las calles. Un pedacito de Historia que aunó esperanza e ilusión de triunfo cuando ya la crisis se mostraba en peligrosa progresión.

Pero estas cosas son como las sesiones de fotos de vacaciones de los amigos, que fuera de contexto aburren más que transmiten así que, buscando el contraste, decidimos seguir el partido completo desde la soledad de las calles. Parecía una forma fácil de recogerlo pero la aventura resultó incómoda y larga. ¡Y encima prórroga!

Mientras una conducía a velocidades imposibles (¡en segunda con esas calles vacías!), el otro se las apañaba para mantener la cámara. Y encima con la radio a un volumen considerable. Teniendo en cuenta que no nos gusta el futbol….

Recoger el ambiente de calle cuando algo excepcional esta sucediendo siempre es curioso. La gente saluda (aunque no quieras que lo hagan), y el objetivo no parece provocar la timidez habitual. En esos momentos la ciudadanía vive a pie de calle una historia que no por ser compartida deja de ser íntima, y sólo aquellas personas que no “sienten” la celebración muestran algún tipo de reticencia ante la cámara (y un momento de estos se ve hacia la mitad del vídeo).

Lo cierto es que el interés trasciende a la circunstancia pasando a formar parte de la Historia de la ciudadanía y sus espacios. En realidad, como tantas y tantas que se pueden ir sucediendo y de las que solo tenemos consciencia tras el paso del tiempo, cuando en algún tipo de estudio, o un vídeo, nos explican que formamos parte de algo.

Y Ferris se fue de museos

800px-Georges_Seurat_031

El vídeo que ilustra este post es, sin mucha discusión (o ninguna), ese Gran Momento que se reservó John Hughes cuando dirigió Ferris Bueller’s Day Off (aka Todo en un Día). Hughes fue, en cierto modo, el gran cronista de la adolescencia ochentera norteamericana, un autor que dio lo mejor de sí durante esa decada con cuatro largos y unos cuantos guiones (sobresaliendo el crepuscular salto a la madurez de los personajes en Una Maravilla con Clase).

Ferris Bueller’s Day Off partía de una premisa básica: Ferris Bueller (Matthew Broderick) se las apañaba para escaquearse del instituto, liando a su novia y a otro amigo para pasar un día demencial por las calles de Chicago. Ésto se adornaba con las necesidades de la década en cuanto se trataba la comedia adolescente: coches, antagonistas caricaturizados, hedonismo hiperbólico, superioridad amoral de los jovenes protagonistas…

Pero Hughes, que en el fondo debía de ser un tipo con una cierta tendencia a la depresión cronica, colaba esta secuencia antes de que llegara cualquier dosis necesaria de drama para cerrar tramas. Y es una secuencia grande, enorme. Por un lado por atreverse a transgredir la ligereza del género en esa época introduciendo una visita museística como pieza catartica, por otro por atreverse a plasmarla en dos tiempos, primero atendiendo a ojo de cámara a las propias obras, y finalmente devolviendo el espacio a los propios personajes de la película, que a su manera mostrarán el efecto que les produce el enfrentarse a la presencia del Arte. Ni que decir que el choque con el retrato impresionista de Georges Seurat de uno de los personajes es tremendamente significativo a la hora de entender como Hughes entendía este tipo de historias, y es que en el fondo ya bastante supone decir que alguien tenga la feliz idea de rodar nada para adolescentes en el Art Institute abriendo el desfile de obras con el Nighthawks de Ed Hooper.

Esto viene a cuento de que hoy descubrí los vídeos que un colega realizó para la campaña de Ministerio de Cultura para promocionar el Día y la Noche Internacional de los Museos. Y que me han gustado una barbaridad, claro, tanto por lo acertado que encuentro el concepto general de la campaña (hablar de los primeros recuerdos museísticos), como por el trabajo que realizó Pepe García para escenificarlo en estas dos breves piezas de las que no merece la pena hablar pudiendo ser vistas.

Y añado que la experiencia de trabajar en museos en circunstancias especiales resulta de lo mas gratificante. Nosotros lo vivimos hace dos años con la campaña que el Concello da Coruña llevo a cabo por esta misma celebración, pese a las prisas que conllevaba el tener que ir de un sitio a otro para que no se perdiera ninguna actividad por el camino. Mucho más modesto todo, pero las reacciones finales por parte de la gente que participo seguro que no distaron demasiado.