Violencia(s)
26 abril

Violencia(s)

En el arranque para Bowling for Columbine, Michael Moore, fiel a su estilo, acude a una entidad bancaria para abrir una cuenta y comprobar si era cierta la promoción que estaban publicitando: que te regalaban un rifle. Efectivamente, Moore sale con el arma del banco.

En los últimos días las referencias a esta película vuelven a ser tendencia por culpa de la mal llamada masacre de la ballesta (no fue esa el arma mortal). El asalto del menor a su instituto está sirviendo para que, una vez más, una tragedia se mediatice, y en esta ocasión no sólo se descontextualizan los hechos, sino que se pervierten los referentes de tal manera que un análisis resulta imposible.

El hecho de que salga a la palestra la película de Moore es el ejemplo perfecto, tal vez incluso más que el intentar encontrar sentido a los hechos a partir de la afición del menor hacia lo zombie en la cultura popular: cuando los frágiles apuntes a universos de ficción parecen no poder sostener determinadas acciones (no parece que exista una epidemia global provocada por este tipo de contenidos), los medios necesitan referencias a realidades reconocibles para poder sostener sus líneas editoriales.

Hoy, con el título de El último partido del niño de la ballesta, uno de los diarios de mayor tirada publica un infame artículo en el que noveliza la tragedia de manera sensacionalista. Su primer párrafo cierra así:

Y puso fecha a la cacería: el día del 16 aniversario de la matanza en el Instituto Columbine, en EEUU, de la que Michael Moore hizo una película, Bowling for Columbine, que dicen que M. y sus compañeros vieron días antes en las aulas de su colegio.

Moore, quien se ha ganado a pulso el no despertar demasiadas simpatías por la marcada tendencia en sus siguientes películas a dirigir el análisis de los temas que trataba, hizo, sin embargo, un gran trabajo teórico en Bowling for Columbine, tan bueno que hasta en la wikipedia aciertan de pleno destacándolo:

El documental Bowling for Columbine fue producido y protagonizado por Michael Moore. Toma como punto de partida la masacre del instituto Columbine (trágico tiroteo que tuvo lugar en 1999 en el Columbine High School) para realizar una reflexión acerca de la naturaleza de la violencia en los EE.UU.

En el imaginario colectivo parece, sin que tenga mucho sentido, que la película ha sido siempre una recreación de aquellos hechos, pero Moore estableció ese punto de partida para lanzar una mirada de urgencia a un contexto que llevaba años observando, y que tras el suceso propiciaba el ser documentado asumiendo que no podría ser más que un torrente de preguntas sin respuesta.

La principal tesis manejada en la película se asienta sobre la teoría del miedo, una construcción moderna que parte de la difusión en los medios de diferentes tragedias para terminar desarrollando en el público una perpetua percepción de terror, en la mayor parte de los casos irracionales. Este tipo de tratamientos fue, hasta hace poco, residual en España (aunque se hable de El Caso, su tratamiento periodístico era mucho más riguroso), pero la necesidad por parte de los medios de captar audiencias a partir del morbo y la sorpresa ha provocado que finalmente sean algo frecuente.

Tal vez lo fundamental para establecer las preguntas correctas pase por intentar entender por qué la tragedia del Joan Fuster está siendo tratado en los medios como una historia fácilmente narrable, algo imposible desde el momento en que el origen parece estar en el fondo de algo tan enigmático como la mente humana. El solo uso de la palabra masacre en algunos entornos periodísticos ya es una clave: la propia RAE establece su significado relacionándolo con un asesinato múltiple.

Pero en realidad esto, como en el caso de Bowling for Columbine, está condenado al fracaso desde el momento en que las incógnitas suponen el primer aliciente en un consumo de la actualidad que no parece tener apego por las conclusiones. Lo intangible, lo incontrolable, es ya un simple recurso estético, y nada hay más difícilmente cuantificable que el miedo. Los horrores ya no se buscan en insondables propuestas de género: surgen de manera natural de los errores sociales que parecen tener más vidas que Freddy Krueger.

3 comentarios

  1. “las incógnitas suponen el primer aliciente en un consumo de la actualidad que no parece tener apego por las conclusiones” Muy bueno.

    Dice Daniel Kahneman en “Pensar rápido, pensar despacio” que nuestro Sistema 1 (el de las heurísticas simplificadoras) “necesita” construir historias. No entiende la casualidad por eso busca causalidad, aunque tenga que inventarse historias de sabotajes

    1. Pero lo curioso es que teniendo esa necesidad de construir historias (algo que está ahí de siempre, desde la transmisión oral a la educación por fábulas), se esté prescindiendo de esta manera de los finales, que son, de hecho, el punto en el que se podría buscar un aleccionamiento real. Está claro que hoy en día es mucho más jugoso echar mano del planeamiento de la duda.

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