Open Windows
10 Julio

Open Windows

Dario Argento fue el responsable de popularizar el giallo en los años 70. A partir de su primer exito, El Pájaro de las Plumas de Cristal, se esforzó por crear un delirante estilo visual en el que la narrativa se iba apoyando cada vez más en el uso de la imagen, forzando su perspectiva de director de tal manera que sus trucajes pasaban a tener progresivamente más valor que la propia historia.

En uno de los mejores momentos de Tenebre, Argento tiene el cuajo de introducir un aparentemente inútil plano de grúa de más de dos minutos, en el que la cámara vuela a ras de una casa antecediendo los asesinatos de turno:

Argento en realidad se rinde a una de sus obsesiones: los espacios. La grúa va mostrando las ventanas que exponen la cuestionable privacidad de la vivienda, y su carácter continuado, paseo por el tejado incluido, acotan el lugar en el que dos mujeres van a ser asesinadas. El ejercicio no es tan gratuito: el director demuestra que, a sus ojos, el refugio no es tal, y que es capaz de elegir el lugar por el que el asesino podrá entrar sin problemas para actuar tranquilamente.

En 2004, un Argento en caída libre dirige la atroz El Jugador, en la que el director intenta mostrarse de nuevo avanzado en su capacidad de jugar con el valor de la imagen introduciendo un nuevo elemento para armar uno de sus puzzles: internet. Por desgracia, así como era quien de componer maravillosas mentiras visuales en barrocas escenografías, su incapacidad a la hora de tejer una atmósfera a partir de lo virtual hace que todo sea una enorme y triste cagada. En cierto modo es probable que se quisiera adelantar demasiado a su tiempo (o no, viendo lo que hizo despues).

No creo que sea necesario echar mano de referentes a la hora de disfrutar Open Windows (ni ninguna película, en realidad), e incluso es probable que no sea recomendable. Que personalmente me acordara del vuelo de Argento sobre el tejado al poco de arrancar la película no significa que quemara los minutos buscando estas referencias, simplemente asumí lo que en realidad esperaba: que Vigalondo había tenido las narices de abordar la historia desde lo visual, y que ese era uno de los principales puntos narrativos a la hora de contar la historia. En una entrevista en Bloguionistas él mismo explica el reto:

Por lo tanto, limitaciones de guión no hay porque no se ha construido la historia al margen del dispositivo, no se ha adaptado la historia a este formato, sino que es el formato el que te está dando la forma de contar una historia.

Cuando se reclama para el videojuego el mismo estatus de creación que posee el cine, creo que se olvida un elemento básico: el jugador. Open Windows es, en cierto modo, la partida que Vigalondo se echa a partir de una serie de elementos, con el riesgo añadido de que será el único responsable de decidir qué se cuenta, y en cierto modo cómo. Por más que se haya repetido mil veces durante la promoción que la película abandona la pantalla de cine para ser narrada desde la de un ordenador, es complicado hacerse una idea del tour de force hasta que no empieza el juego: esta vez tú, como espectador, recibirás unas nociones básicas para comprender un entorno sobre el que no tienes capacidad de acción, pero que mutará aprovechando mil y una posibilidades para poder exponer cada uno de los puntos de la trama.

Pero esto no quiere decir que Open Windows sea únicamente un ejercicio de superación de pantallas o fases. Existe, ante todo, un trabajo milimétrico de exposición, un esfuerzo narrativo que es la auténtica razón de ser de la película. En un momento dado, en lo que para quién suscribe es su mayor mérito, es capaz de abandonar lo, digamos racional, para abandonarse a una calculada deriva que finalizará con el enfrentamiento del protagonista contra un azar que se escapaba, en la historia, a lo planeado.

Cuando escribí acerca de Leviathan no fui capaz más que de hacer una vaga referencia a la importancia del formato en la construcción de la película, cuando en realidad jamás habrían conseguido esos resultados si no hubieran reiniciado su grabación para utilizar únicamente GoPro’s. Que Vigalondo decida hacer Open Windows atandose al formato parece ser otro paso al frente para legitimar esta opción. En ambos casos no es necesario sintetizar lo real para reformularlo desde perspectivas imposibles, la tecnología ofrece esa posibilidad y es patrimonio de los directores arriesgarse a utilizarla. Se podrían haber contado las historias de otro modo, pero los resultados serían completamente diferentes.

Si Argento llega a verla, no dudo que se pasará toda la película con los puños apretados, la lágrima asomando, y musitando contra Vigalondo por pura envidia.

Open-Windows-carteles

Pd: sin ser yo muy de orgullos patrios ni nada de eso, que una película así haya salido de este país parece prácticamente un milagro.

3 comentarios

  1. La he visto hoy y tiene cosas maravillosas.
    El personaje de Jill es fundamental y necesario.
    La idea de la identidad (o falsa identidad) está muy bien llevado. El giro final es sorprendente y Brian_De_Palma_style.
    PERO, para mí, toda la credibilidad de la película se va al traste con los hakers franchutes, las persecuciones y sobretodo “la magia del interné” que lo soluciona todo en tres segundos. Ahí la película pierde cualquier credibilidad y eso, creo, hace que el giro final puede verse/leerse como troleo masivo que como propuesta pensada.
    La misma historia, sin el tramo central, 50 minutos y capítulo que sabe a gloria.
    LÁSTIMA.
    INTERNÉ….

    1. Sí, eso es algo que no puedo negar, simplemente que a mí la apuesta en ese sentido me gustó, pero supongo que es algo muy del estilo de Vigalondo, que parece que tiene una tendencia natural a la ruptura. Probablemente no con intención de destacar, eso también, pero está claro que está ahí la cosa 😀

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