Fantasías reales
2 julio

Fantasías reales

Vale que en verano se buscan noticias de relleno, pero cuando un medio tradicional dedica espacio a un aparato tecnológico concreto, y aunque no sepan ir más allá de sus prescripciones técnicas, quiere decir algo: que conviene arrimarse a la fama de lo que  ya se ha hecho relevante para los usuarios.

En este caso, no se puede negar que la GoPro lo merece. Aunque actualmente hay muchos modelos de action cameras en el mercado esta fue, tal vez, la primera marca en saber construir su valor, empezando por su portabilidad (algo de lo que doy fe), pero sobre todo han sido capaces de destacar por generar una ilusión, un deseo en sus potenciales compradores: el de acercarse a la aventura sólo con usarla.

Esto es cierto… a medias, porque no conseguirás fantásticas imágenes en paracaídas si no haces un salto (por ejemplo), pero en el fondo han conseguido que no sea una mentira: desde el principio han creado modelos audiovisuales e invitan a imitarlos y compartirlos. Esta estrategia es la que les ha permitido convertirse en la referencia más extendida en un importante nicho de mercado, a pesar de que sus últimos desarrollos tecnológicos parecen traer el sello de las prisas (¿dificultad para atender la creciente demanda?).

Pero lo relevante es que GoPro sabe venderse creando esa ilusión en forma de universo de gente guapa capaz de hacer las mayores locuras. Esto sería criticable si en el fondo no hubiera un matiz elemental: determinado tipo de peripecias sólo están al alcance de gente en envidiable forma física. Pero han sabido extender el calado de esa ilusoria imagen y desde sus canales oficiales regalan poderosos hallazgos visuales como este paseo en submarino de la mano de Grahan Hawkes, especialmente emotivo a partir del encuentro con las ballenas en el minuto 4’16» (recomendable verlo en HD y pantalla completa).

En el fondo, poco importa que la GoPro sea un aparato inútil para buena parte de sus compradores, porque editar sus vídeos requiere una cierta dedicación, y los aparatos carecen de elementos ya asimilados como el zoom. Han generado marca gracias a algo indiscutible: mostrar lo que se puede hacer. Que no indiquen lo trabajoso que resulta no es, desde luego, algo que se pueda considerar un engaño porque tampoco lo esconde, simplemente seduce. Puede que incluso haya quien descubra la belleza del proceso.

Una pena que este modelo publicitario, el que crea un universo a partir del elemento a vender, sea en el fondo minoritario, y que la cruda realidad sea que en términos generales siga cundiendo más el artificio de estúpidas irrealidades.

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