El negocio
25 octubre

El negocio

La semana pasada Máscaras me llevó de nuevo a Madrid, y, de rebote, a Barcelona. No, esta vez no haré un recorrido gráfico del periplo (sobre todo porque la tarjeta de memoria aun tendrá que esperar unos días para ser vaciada), pero sí me parece interesante recuperar parte de la agradabilísima charla que tuve con Manel Muntada el pasado lunes. Una conversación que entre las mil direcciones que fue tomando, se detuvo un rato en una cuestión básica que parece llamar la atención a los que no pertenecen al mundo audiovisual: el modelo de negocio.

Me preguntaba Manel cómo se sobrevive en estos momentos dentro del audiovisual y… bien, no hay una respuesta sencilla, pero tampoco estrictamente compleja. Es, si acaso, algo que requiere contextualizar más de un escenario. Tenemos por un lado la crisis general y por otro la propia del sector, pero también se suma una netamente estructural que tiene mucho que ver con los cambios en las formulas de consumo.

El estado del mundo es, desde luego, uno de los principales problemas. Pero aun más problemático sería pensar que esto le sucede única y exclusivamente a tu sector (¿miope egocentrismo?): todos los ámbitos profesionales sufren la coyuntura económica, sobre todo si lo que hay es un problema estructural, y en la cadena que da forma a la sociedad es imposible que no se terminen sufriendo los efectos. En el sector audiovisual se fue notando en distintos tiempos, pero ahora ya nadie duda de la necesidad de reformulación que pasa, en buena medida, por perder la vergüenza a hacer cosas. Y también por querer sudar la camiseta.

Le explicaba a Manel que el haber huido de determinados nichos se había revelado con el paso del tiempo como una afortunada decisión. Aquí siempre dejamos de lado la parte supuestamente glamorosa del sector (televisión, directos de eventos, incluso tenemos reticencias con el consumo streaming) para centrarnos en el servicio a empresas. Esto ha implicado cambios operativos, siendo el más llamativo la desaparición de los soportes físicos para la entrega del producto final. Efectivamente, todo se centraliza hacia la red, aunque curiosamente con el paso del tiempo lo que se genera tiende cada vez más a la privacidad que a la difusión pública.

La percepción de este cambio nos llevó, hace ya tiempo, a reestructurar nuestro soporte Web pues lo que en principio configuramos a modo de portfolio ya no tenía sentido: era el propio proceso de esta evolución lo que merecía ser reflexionado. En realidad, todo tiene que ver con la evolución de los tiempos.

El audiovisual es una presencia habitual desde hace décadas, pero es en esta última cuando vive su gran transformación gracias a Internet. Pero el contenido descontextualizado no sirve, ahora el soporte audiovisual se asimila como una herramienta de mil patas que ya no requiere necesariamente del público. Y no deja de ser paradigmático: cuando supuestamente tenemos todas las herramientas para mostrarnos es cuando se restringe esta difusión porque ya se conciben los servicios como una parte más de diferentes procesos. Y no debe extrañarnos, acostumbrados como estamos a que skype o hangout nos aproximen de forma inmediata eliminando barreras físicas y temporales.

Con todo, creo que falta asimilar de una manera más global este cambio en los modelos de consumo para que realmente se pueda reestructurar “el mundillo” (éste y otros). Falta encontrar un camino para el sector del ocio (ahí estamos con Máscaras, reformulando), falta asentar los usos profesionales y falta, también, aplicar criterios en los canales de difusión para evitar la saturación de contenidos.

Pero no son las únicas carencias, en realidad las importantes están en el ámbito legislativo, algo que se está revelando, a todos los niveles, como parte importante del problema de fondo de esta crisis. Esa es la auténtica limitación que tiende a deformar los usos y costumbres de la sociedad.

3 comentarios

  1. Me gusta lo que dices, pero siempre me asusta el término ‘sudar la camiseta’. Entiendo lo que dices y de dónde vienes, pero es un término que para mí apela a una antigua ética del trabajo currelante que no me agrada del todo, un tanto hija del desarrollismo y del voluntarismo. Este último es necesario, claro, es la pérdida de la ‘vergüenza de hacer cosas’, y bajar a la arena y mancharse y sudar por los poros también, pero, ojo, fuera de posibles paternalismos y direcciones (nacionales) rancias. Que no es el caso, claro, pero que vete a saber si luego la TDT Party no te busca en términos relacionados!!

    1. Eh, tu te ríes, pero lo de “sudar la camiseta” es algo que muchos no se esperan y que luego no quieren sufrir. Aquí te toca tirarte por los suelos, estar agazapado en posturas imposibles, comerte el calor de los focos… Literalmente sudar la camiseta, desde luego, y es un problemón que no se asuma como parte de la gracia!

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