(S8) part two
9 junio

(S8) part two

zoeEste domingo finalizaba la 2º Mostra de Cinema Periférico (S8). Al igual que el año pasado, al cubrirla en su totalidad no sólo se pierde la posibilidad de asistir plácidamente a sus diversas actividades, sino que se hizo hincapié en forzar la resistencia física y capacidad de atender a todo lo que en ocasiones estaba sucediendo.

Y «suceso» sería un concepto interesante para hablar y desarrollar lo que de nuevo se concentró en la antigua carcel provincial coruñesa. Por múltiples motivos, pero sobre todo por lo incontestablemente arriesgado que resulta la apuesta por un tipo de actividad cinematográfica que de manera muy casual se puede dar en ciudades pequeñas que, en principio, no cuentan con público para prestarle la debida atención.

En realidad esto último es una trampa: el público no tiene por que existir, y en ese caso hay que crearlo. Éste es uno de los apuntes que se sacan de la entrevista que Elena Duque realizó al director de la Mostra, Ángel Rueda, y a Beatriz Navas, responsable del área audiovisual de La Casa Encendida. Y es así, es completamente cierto. Tal vez a ningún distribuidor en su sano juicio se le ocurriría algo como proyectar la versión completa (o al menos la última versión completa…) de Metropolis acompañada de música en directo, pero el Teatro Colón se llenó, y eso demuestra que ese público existe. Otros momentos álgidos de la Mostra también contaron con una respuesta de público inusual (incluso no esperada, como en el cierre de Zoe Beloff, que obligó a ampliar el aforo para una proyección técnicamente compleja), y sobre todo se demostró que existe una más que evidente capacidad en la vanguardia para conectar con los espectadores. Es por esto que hay que variar las proposiciones: no hay expresiones artisticas que alejen al público, sino que hay público que aun no ha descubierto el valor sugestivo de determinadas formulas artísticas.

Atendiendo a lo práctico, a lo inmediato, el (S8) merece crecer y perpetuarse por el buen ojo que tuvieron Ángel Rueda y Ana Dominguez a la hora de plantear una actividad insólita que pueda servir de referencia. No quiero decir con ésto que sea única a nivel estatal, faltaría más, pero sí es una fecha en el calendario que mucha gente quiere anotar, algo que se puede comprobar rastreando su pista en foros, blogs y otras evoluciones de la comunicación cibernauta.

Atendiendo al espiritu procastinador y la causalidad, el (S8) tiene por delante un gran futuro porque aun está creciendo. Si por un lado cuenta con la eterna retroalimentación de lo vanguardista (sea centrandose en lo químico, sea abriendose a nuevos formatos que vayan apareciendo), por otro cuenta con la necesidad de afrontar problemas presentes que con toda probabilidad mejorarán la hoja de ruta en lo que respecta a la difusión cultural, y es que también en la entrevista Ángel y Beatriz divagan en torno a la necesidad de establecer lazos colaborativos entre diferentes entidades a la hora de poder costear actividades, y por lo tanto programar. Ésto, que en teoría debería ser un problema, fácilmente puede ser una oportunidad para reorganizar la difusión. Y es que en realidad todo viene de hace unos años: de pronto no había localidad que no tuviera su certamen cinematográfico o musical, pero ya antes de que llegara la crisis buena parte de ellos empezaron a quedarse por el camino al generarse un exceso de programación. Y lo que es peor: una incapacidad para captar el público que realmente quiere acudir a ese evento.

Este año se vio de nuevo el resultado de atraer a ese público. Sucedió con las (contra)propuestas de los Left Hand Rotation; con la espeología musicovisual que se curraron los Playtime Audiovisual; las diversas recuperaciones de archivos perdidos de autores gallegos (de más y menos años); el cine primitivo; las delicadas performances de Sherwin y Lyn Loo; la experimentación de Beavers, Solomon y Dorsky; la sesión infantil con Lotte Reiniger… Y a título personal, las ganas de haber podido profundizar más en el universo de Zoe Beloff, que tanto me recordaba al subtitulo que Jordi Costa dio a la exposición que comisarió en 2003 para el CCCB bajo el nombre de Cultura Basura: «una espeleología del gusto». Pero ésto ya lo explicaré según se vayan publicando las entrevistas que fuimos grabando estos días. Entrevistas de urgencia, pero entrevistas al fin y al cabo.

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